Esta mañana he vuelto a Saint Lazare. De incógnito, como las veces anteriores.
Monday, December 20, 2021
Es otoño en esta parte del mundo, aunque para muchos es el mismo invierno.
Tuesday, July 27, 2021
De quehaceres y de gentes
De vuelta a la fisioterapia. Es la historia de la lavanderita que dio aquel mal paso, pero literal. Después de un par de sesiones en las que casi me convence de que su intención era romperme los 25 huesos del pie que me quedaban sanos, el fisioterapeuta, un buenmozo que podría reemplazar a Richard Gere en la foto de la rosa, ha abandonado temporariamente el barco. Va a ser papá de nuevo. Será una sorpresa porque no sabe el sexo del bebé. A su debido tiempo la definición del género puede ser otra. Se despidió con la sonrisa en los ojos y me dejó en manos de Hailey, una dulce que tiene un cuerpo que parece dibujado. Le tengo que preguntar dónde se compra las calzas. Aunque dudo que sean mágicas.
En seguida advierto que no tiene ni la confianza ni la experiencia de su jefe, y la insto a aumentar la presión del masaje y de los electrodos. No porque disfrute particularmente del bondage y de las prácticas sadomasoquistas, pero es que casi no los siento. Entonces ella se excusa y me dice que todavía está aprendiendo. Y cuando le comento que Michael, que es su jefe, intenta hacerme llorar, me contesta que lo sabe bien porque le hizo fisio cuando tuvo un accidente que la llevó a cambiar de carrera.
Era inevitable que le preguntara qué hacía antes. La respuesta me dejó boquiabierta, aunque ella nunca se enteró porque la tenía tapada, por supuesto. ¡Vaya que conocí gente! De neurocirujanos a asesinos ocasionales. Jugadores de póker en línea, matarifes, chicas y chicos de la noche, manifestantes, marines, titiriteros y otros presidentes (y presidentas). Pero hasta ahora no había conocido a una ex entrenadora de tiburones. Por suerte el accidente lo tuvo fuera del agua sino corría el riesgo de convertirse en su cena. Sus pupilos fueron los tiburones de arena del acuario Ripley. Unas monadas de gran afición por la comida, por lo que no era muy difícil hacerles hacer algunos trucos.
Y esto en un día como cualquier otro. Tan pródiga en sorpresas es la vida. Me juré que no me inmutaría si se cruza en mi camino algún lancero bengalí.
Friday, April 10, 2020
El frutero
En la calle casi desértica, su conversación, como mis especulaciones, en presente del indicativo me ponen feliz. La intendenta pasó por ahí y se detuvo a hacerle una pregunta. Nosotros tenemos que rebuscárnosla, me dice.Sunday, January 5, 2020
La funámbula. Cine y crónicas de mundo. : La búsqueda inteligente de los placeres
La búsqueda inteligente de los placeres
(Vísperas del día de Reyes)
Las remotas posibilidades de que los Reyes Magos lleguen con regalos a estas latitudes me ha llevado a buscar, con una lógica compensatoria, otros placeres sensibles.
Primero y principal, los camellos no encontrarían pasto o forraje para alimentarse, debido a las fuertes heladas. Segundo, es muy probable que Melchor y Baltasar tuvieran problemas con sus visas, y Gaspar para hacerse entender debido a su acento. (Quien ha tenido que lidiar con un soporte técnico tercerizado del Indostán sabe de qué hablo).
Amigos y parientes del hemisferio sur se muestran ligeros de ropas —algunos, incluso, ligeros de cascos— chapoteando en piletas y playas o remojándose a la vera de algún río.
Nosotros, en cambio, es decir los que andamos por aquí, parecemos cebollas. Las capas de ropa, sin embargo, no sirven siquiera para salpimentar un strip-tease: el riesgo de perder a la pareja o destinatarix vencido por el sueño antes de que lográramos exhumar la ropa interior festiva es directamente proporcional al número de prendas que habría que quitarse.
Hay que decir, no obstante, que el clima es perfecto para leer a Stieg Larsson y ver series de época, preferentemente de horror gótico.
Esta nochecita, que pintaba anodina y perfecta para ordenar una pizza, decidí cocinar.
Mi desempeño en ese campo es —lo digo con dolor— muy errático, y los resultados impredecibles como los de la Lotería Nacional. Hay momentos, sin embargo, que pareciera que soy tocada por una varita mágica que me convierte en un demiurgo de ollas y sartenes.
Las guarniciones que elegí —la verdad sea dicha—no necesariamente conformaban un matrimonio perfecto pero sí un feliz contubernio que me puso de ese humor cirenaico que dejan las gratificaciones corpóreas.
Estoy hablando de un atún rojo cocido por breves minutos, acompañado con una emulsión de wasabi, salsa de soja y tzípuro; un arroz de coliflor con perejil y almendras fileteadas, y unas arvejas con alcauciles y eneldo. Ah! y un chablis frío para no apurarse.
No tengo fotos del festín. Ya sé que estamos desarrollando una compulsión por registrarlo todo. Por eso mismo prefiero que se me olvide este placer momentáneo así que, si se repite, no tendré la tentación de compararlo y podré volver a disfrutar jubilosamente de la experiencia.





